Loris Malaguzzi (1920-1994), pedagogo y psicólogo italiano, comenzó su carrera como maestro de escuela primaria. En 1950 fundó el Centro Médico Psico-pedagógico Municipal en Reggio Emilia (Italia), es allí donde el autor inicia su propia practica educativa. En esa época educadores, ciudadanos y familias trabajaron conjuntamente para formar un sistema público de educación y cuidados para los niños y niñas. Malaguzzi entendía el proceso de enseñanza-aprendizaje como algo colectivo que se realizaba de forma conjunta con la comunidad.
La metodología de Reggio Emilia tiene como principios básicos cambiar la perspectiva del niño/a como alumno/a y del papel del maestro/a. El modelo educativo se basa en crear espacios escolares y diseñar el uso del entorno físico de manera que los niños/as puedan explorar y descubrir de forma constructiva, haciéndose preguntas y resolviendo problemas.
Para el desarrollo de su pedagogía, Malaguzzi se apoyó en las aportaciones de varios autores, entre ellos: Dewey, Wallon, Decroly, Fröbel, Chaparède, Vygotsky, Erikson, Makarenko, Piaget, Montessori y Freinet. Malaguzzi es conocido por la creación de una “filosofía innovadora de la educación que le daría valor a la riqueza de las potencialidades y recursos de todos los niños” (Centro Internacional Loris Malaguzzi).
Este modelo educativo defiende la idea de que la enseñanza puede adaptarse a las necesidades individuales de cada criatura. Malaguzzi sustenta la base de su pensamiento en la idea de que “los niños/ as tienen 100 lenguajes, pero les robamos 99”. La infancia tiene infinitas maneras de demostrar la comprensión y expresar sus pensamientos y creatividad, por ello tenemos que darle los recursos y el espacio para hacerlo.
¿Cómo se trabaja el enfoque Reggio Emilia?
Malaguzzi le da al espacio un lugar relevante dentro de su pedagogía, considerando al medio ambiente como “el tercer maestro”. El rol del adulto es definido como un guía, un facilitador que apoya el proceso de enseñanza-aprendizaje. El adulto investiga sin dar conclusiones, para dar la oportunidad a los niños/as de que cada uno/a saque su propia conclusión y aprendizaje. El adulto está considerado como una persona que necesita aprender para guiar a los niños/as en su aprendizaje, construyendo de esta forma un aprendizaje conjunto.
En las escuelas de Reggio Emilia se da gran importancia al arte como recurso educativo, como forma de expresión creatividad, aprendizaje y desarrollo. Las escuelas cuentan con un “Atelier”, un espacio donde tienen cabida las expresiones artísticas y se desarrollan los 100 lenguajes del niño/a. Un lugar para la exploración donde la imaginación y la emoción encuentran salida a través de recursos como la pintura o el modelado en barro. El atelierista es la persona especialista que acompaña en el “Atelier”.
Los espacios educativos son bonitos y acogedores, a la par que atractivos y dinámicos. Cuentan con una cuidada organización y tiene muy en cuenta el diseño y funcionalidad de su mobiliario. Son espacios polivalentes que se ponen al servicio de las necesidades de los niños y niñas, por lo tanto, son espacios que se transforman y se adaptan.
El concepto de estética es muy importante dentro de este modelo educativo. Como indica Javier Abad (especialista en instalaciones de juego), la estética está relacionada de forma especial con la importancia que se le da al arte en la transformación del aprendizaje. El ambiente provoca estímulos, sensaciones e ideas en la infancia que influyen y potencian su interés por explorar y su deseo innato de aprender. La sorpresa es un motor motivador del aprendizaje.
“Nada sin alegría”
Loris Malaguzzi
El enfoque Reggio Emilia utiliza entre sus recursos educativos la luz (con mesas de luz, retroproyectores, luz negra, el efecto de la luz natural que refleja colores y sombras, etc.) creando espacios de aprendizaje atractivos que potencian y sacan el máximo partido del carácter explorador de los niños y niñas.
Entre los elementos de juego podemos encontrar, bloques de construcción con diferentes formas y colores translúcidos, que dejan pasar la luz, objetos cotidianos o elementos naturales que habitualmente recogen los propios niños y niñas. En las aulas de una escuela Reggio Emilia podemos encontrar, por ejemplo, a niños y niñas que han salido a recoger hojas al exterior y las están investigando en clase (con lupas, haciéndoles fotos, pintándolas y haciendo estampación con pintura o creando con ellas un collage). Aprender a través de la creatividad marca la diferencia y posibilita que las formas de construir aprendizaje sean infinitas.
En el enfoque Reggio Emilia es a través de recursos sorprendentes y atrayentes (como los colores o la luz), del contacto con la naturaleza y de la observación de elementos y situaciones cotidianas como los niños/as se hacen preguntas e investigan para descubrir y saber más. De esta forma trabajan las áreas de aprendizaje del currículum de forma transversal, siendo los niños y niñas los protagonistas de sus propios aprendizajes.
“Es necesario que estemos convencidos, nosotros los adultos antes que nadie, de que los niños no son solo ostentadores de derechos, sino portadores de una cultura propia. Que son ostentadores de una capacidad de elaborar cultura, que son capaces de construir su cultura, y de contaminar la nuestra”
Loris Malaguzzi
A través de las pedagogías activas se les da la oportunidad de ser ellos/as mismos/as los que construyen aprendizajes significativos de materias como matemáticas, lecto-escritura o arte, motivados siempre por el interés propio, eligiendo los recursos que más llaman su atención y dedicándoles el tiempo necesario. Esto permite a la infancia desarrollar sus habilidades y competencias con placer y potenciar las áreas en las que poseen un interés especial o un talento innato.
Teresa Benito afirma que a través de esta metodología los alumnos/as “forman una comprensión de sí mismos y del mundo por medio de las interacciones con los demás en el día a día. Se ve al niño como un comunicador, capaz de expresar sus necesidades y maneras de aprender”.
En Reggio Emilia son especialistas en documentar los procesos educativos. Para ello elaboran una cuidada documentación donde exponen a través de fotos, textos o composiciones artísticas los procesos de aprendizaje que realizan los niños y niñas. Además de reflejar esto, la documentación da visibilidad al trabajo de observación y reflexión pedagógica que realiza el equipo educativo.
“La documentación no trata de lo que hacemos, sino de lo que buscamos”
Carla Rinaldi (Reggio Emilia)
