La maternidad y la paternidad nos hace tambalear todos nuestros cimientos. Con el nacimiento de nuestro primer hijo o hija nosotros también nacemos como madres y padres, un rol que nos resultaba cercano pero que no imaginábamos lo desconocido que nos resultaría al experimentarlo en nuestra propia piel. Descubrimos sentimientos nuevos, emociones intensas y experimentamos un cambio absoluto en nuestras rutinas y prioridades.
Ser madres y padres nos permite ver a nuestros niños/as crecer y evolucionar cada día. Sentir sus logros como propios y acompañarles en sus batallas. En definitiva, nos convierte en responsables de una parte fundamental de su desarrollo, y esto nos puede producir tanto emoción como vértigo.
Ellos/as crecen y nosotros también
El amor incondicional por nuestras criaturas nos mueve profundamente y supone un crecimiento personal importante, ya que nos invita a reflexionar sobre nosotros y nosotras mismas. A muchas personas la maternidad nos descubre aspectos propios de los que no éramos conscientes y esto nos invita a mejorar como individuos para ofrecer a nuestros hijos e hijas el mejor ejemplo a seguir.
Esto supone un gran trabajo personal. A mí, particularmente, me está resultando muy inspiradora en esta labor la Disciplina Positiva. Un pensamiento que me ayuda profundamente ante situaciones complicadas (como rabietas o conflictos entre los niños/as) es: “Los problemas y los errores son oportunidades de aprendizaje”, así que intento parar, respirar, cambiar mi forma de mirar las situaciones que suponen un reto y aprovecharlas para intervenir de la forma más comprensiva y calmada posible, practicando habilidades como:
- Poner palabra a los sentimientos, ver más allá de los comportamientos y tratar de cubrir las necesidades que se manifiestan detrás de esas acciones.
- Buscar la conexión con los niños y niñas en lugar de alejarme mostrando un enfado descontrolado, recurriendo al castigo o al autoritarismo basado en el “porque yo lo digo”.
- Disculparme y asumir mis errores si no respondo de la forma más adecuada o no puedo ofrecerles el tiempo que necesitan.

Educación positiva
Cambiar nuestra manera de tratar a la infancia requiere de tener información, compromiso y practicar mucho para interiorizar nuevas estrategias y herramientas. Por ejemplo, practicar para cambiar nuestra forma de comunicarnos con nuestros hijos o hijas rompiendo con los patrones de conducta autoritarios con los que hemos crecido e ir logrando, poco a poco, educar de una forma más cercana, positiva y consciente.
¿Qué beneficios obtendremos de la educación positiva? Innumerables, pero voy a destacar el conectar y acercarnos a nuestros niños y niñas. Construir relaciones más sanas que se traducen en una mejor salud mental. Sembraremos una semilla muy potente en campos como el del autoconocimiento y la regulación emocional.
A los niños/as pequeños/as no les podemos pedir que las emociones no les desborden, sencillamente porque su cerebro aún no está desarrollado para una función tan compleja, lo que si podemos hacer, es ser un ejemplo en gestión sana de las emociones. Como adultos referentes modelamos a nuestros hijos/as con nuestras formas de hacer y actuar en todo momento, sin darnos cuenta. Miran hasta cuando creemos que no están mirando y anotan en su cuaderno de investigadores expertos para conocer el medio en el que viven. (Sonrío al escribir esto porque a veces son muy divertidas las conclusiones que sacan según la interpretación que ellos/as han hecho)
Podemos aplicar con los niños/as el dicho: “Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”. Y también podemos aplicárnoslo a los adultos. Nosotros también estamos aprendiendo. No siempre nos saldrá bien y necesitaremos apoyo, pero iremos mejorando, y en los momentos en los que las emociones nos superen también ofreceremos un aprendizaje a nuestros niños/as asumiendo los errores y disculpándonos. Esto no nos hace más débiles ni nos resta autoridad, sino todo lo contrario, nos acerca más a nuestros hijos e hijas. Como dice Marisa Moya (entrenadora en Disciplina Positiva), nos humaniza.
En este caso, algo que a priori es negativo (porque en un momento determinado nos ha superado la tensión) lo convertimos en una oportunidad de aprendizaje. El día que tu hijo o hija se disculpe y hable contigo sobre una reacción desmesurada verás que en la crianza se siembra constantemente, pero se cosecha lentamente, por ello, hay que saber esperar los frutos con paciencia.

En la maternidad y paternidad es importante alentarnos y valorar todo lo positivo que les damos a nuestros hijos/as, no solo quedarnos con los errores o con la culpa por no llegar a todo. Recuerda, vas por buen camino. Escucha, paciencia y amor, que su sonrisa y los abrazos que nos devuelven no tienen precio.
