La práctica profesional en la escuela infantil de 0 a 3 años debe realizarse en un espacio comunicativo y relacional que respete los tiempos marcados por el ritmo de cada niño/a, con el fin de ofrecer una atención individualizada.
“Las maestras cuidan, acompañan y guían a los niños en ausencia de sus familias: esta realidad merece un especial cuidado de la relación con cada niño, poniendo el corazón, escuchándole y ayudándole a entender el mundo que le rodea, hasta que de nuevo se reencuentre con su madre o su padre”
Rosa Vidiella i Badell
Dentro de este contexto es importante destacar que los cuidados personales brindan un excelente potencial educativo, puesto que son momentos en los que la educadora puede proporcionar al niño/a una experiencia rica y placentera. Además, influye en su desarrollo progresivo hacia la autonomía, puesto que le ofrece la oportunidad de adquirir habilidades, competencias y seguridad en sí mismo/a.
“Destacan tres grandes ejes fundamentales en la investigación de Pikler: la cultura del profesional que mira el niño competente, la calidad estable del entorno y la observación. La imagen de niño activo desde el nacimiento, capaz de disfrutar de su propia actividad libre y espontánea, es la concepción más sencilla y a la vez más compleja que identifica la aportación genuina de Pikler al desarrollo motor”
Teresa Godall
La pedagogía de Emmi Pikler se sustenta en la confianza y el respeto hacia el niño/a, considerándole una persona que es parte activa de su propia evolución desde el nacimiento. Pepa Ódena señala que la evolución del niño/a se basa en la actividad y en la autonomía personal. Este modelo educativo confía en la capacidad innata de aprendizaje y en la capacidad de desarrollo autónomo de los bebés. La pedagogía pikleriana trabaja por favorecer el desarrollo de la primera infancia respetando la iniciativa del niño/a, el proceso de evolución de sus movimientos, la manifestación de su desarrollo psíquico a través del juego, de su pensamiento y de su comunicación con los demás.
“Cuando el niño actúa por su propia iniciativa e interés aprende, y adquiere capacidades y conocimientos mucho más sólidos que si se intenta inculcarle desde el exterior estos mismos aprendizajes”
Pepa Ódena
El rol del adulto en la pedagogía Pikler
En relación con el rol del adulto, la pedagogía Pikler aboga por evitar la actitud intervencionista del adulto que trata de enseñar continuamente cosas al niño/a, pensando que él no es capaz de aprenderlas por sí mismo. Esta actitud del adulto sitúa al niño en una posición de sujeto pasivo ante el aprendizaje. Pikler destacaba que existe una gran desconfianza por parte de los adultos en las capacidades de cada niño/a para construir su propia evolución motriz. “Es importante que el adulto tenga confianza en él y que sepa esperar y acompañar en cada etapa de su desarrollo” (Noemí Beneito).
“Que la iniciativa provenga del niño, que la ejecución del acto sea autónomo, y que el mismo sea eficaz, son los elementos más importantes del comportamiento competente. El establecimiento activo de las relaciones con el adulto, el movimiento por propia iniciativa, la manipulación comenzada y continuada por sí mismo son, al mismo tiempo, consecuencias e instrumentos del desarrollo de su personalidad”
Emmi Pikler
Noemí Beneito considera “los primeros meses de vida como aquellos del cambio más importante. Porque se ha descubierto la existencia de las competencias precoces, así como la dimensión del valor de la interacción”. Por ello, es necesario que los profesionales que trabajamos en Educación Infantil seamos conscientes de la influencia que tenemos sobre las posibilidades de desarrollo y maduración que ofrecemos a los niños/as de 0 a 3 años a través del entorno y de nuestro rol como adulto y agente educativo.
