
Aprendizajes de vida
Cuándo empecé a trabajar en una escuela infantil supe enseguida que estaba en mi lugar. Comencé acompañando a bebés, desde los 4 meses de edad.
Pronto me di cuenta de que mi acompañamiento en la escuela era integral: al bebé y a la familia.
Me apasioné por mi profesión como educadora infantil y el día a día en la escuela me traía grandes preguntas a resolver para tratar de acompañar lo mejor posible.
Continué formándome y empecé el Grado de Maestra en Educación Infantil mientras trabajaba. De 7:30 a 15:00 en la escuela, de 18:00 a 22:00 en la Universidad. En el periodo de prácticas en un colegio de 3 a 6 años se sumó a ese horario de 15:30 a 17:30 en el cole.
Fue una etapa intensa, con falta de sueño y fines de semana en casa haciendo trabajos de la Universidad y estudiando. Aprendí muchísimo, pero seguía teniendo dudas a nivel pedagógico acompañando a niños y niñas de 0-3 años.
Comencé mi primer curso oficial como Pedagoga Pikler. Allí encontré un profundo conocimiento de los bebés y niños/as pequeños/as desde su nacimiento. Fue un flechazo.
En la pedagogía Pikler encontré argumentos pedagógicos coherentes a las necesidades de los primeros años de vida y una práctica educativa estudiada, serena y armónica.
En 2018, mi Trabajo de Fin de Grado (TFG) fue una revisión bibliográfica de todo lo publicado en español y catalán sobre pedagogía Pikler: libros, artículos, conferencias. Ahí sí que aprendí de verdad, leyendo de las fuentes originales.
Continué con mi labor en la escuela infantil y continué formándome en psicomotricidad vivenciada, el enfoque Reggio Emilia y las instalaciones de juego.
En Reggio Emilia encontré al espacio como tercer educador, la importancia de la estética, el arte y los materiales de juego. Me encantó descubrir “los 100 lenguajes” en espacios bellos y ricos, que incitan al juego y al descubrimiento, potenciando el interés innato que tiene la infancia por aprender.
En 2020 fui madre de mi primer hijo. Cambió mi vida de arriba abajo y mis prioridades se resituaron. Tras la baja de maternidad -en pleno año de la pandemia- me tocó volver al trabajo. Amaba mi profesión pero no quería estar allí. No quería dejar a mi hijo lactante e irme a cuidar a otros niños y niñas.
Esa incongruencia de cuidar de otros niños/as y no poder cuidar del mío, que sentía alejada de mi naturaleza, me rompió por dentro.
A todo ello se sumó el miedo ante la pandemia, la lactancia materna exclusiva con sus noches, mastitis de repetición y la sensación de que me quería bajar del mundo, que no podía seguir el ritmo: trabajar y criar estaba acabando conmigo… Pero “no me quedaba otra”.
En esa época hice el Postgrado en Pedagogías Activas (Montessori, Reggio Emilia y Waldorf) y me formé en Disciplina Positiva, una herramienta que me ha ayudado -y me ayuda- tanto en el contexto familiar como en el profesional.
A día de hoy, reconozco que en esa etapa me perdí entre la maternidad, mi autoexigencia y las exigencias de la vida moderna.
En 2023 nació mi segunda hija. La propia vida me paró, mi salud se resintió. Gracias al acompañamiento familiar, profesional y de personas a las que estaré eternamente agradecida, sané.
En este momento vital me interesé por la Psicología Positiva, el Mindfulness, la Educación Viva, la Comunicación No Violenta (CNV), la Pedagogía Sistémica y otras experiencias alternativas a la escuela tradicional, como las madres y padres de día, los grupos de crianza y los espacios familiares.
Esa sí que fue un etapa de grandísimos aprendizajes: aprendizajes significativos, aprendizajes para el alma.
La vida me dio la oportunidad de seguir estudiando mientras criaba a mis dos hijos. Para mí era importante poder ofrecer un mejor calidad de vida a mi familia y más tiempo de presencia en casa.
El Máster de Secundaria, Bachillerato y FP (CAP) me ofreció las herramientas necesarias para dar el salto a la formación y mejorar mis condiciones laborales.
Justo antes de terminar el Máster tuve un accidente de coche que me dejó la cervical tocada. Os prometo que creí que no podría volver a trabajar en 0-3 años. Dolor, falta de movilidad y vértigos. Fueron meses duros de rehabilitación diaria.
Con este panorama, me tocaba volver de la excedencia. Me encontré en el proceso de recuperación de la lesión y que no era tan sencillo volver a subirme al carro de trabajar y criar, ni aceptar horarios que me impedían compartir parte del día con mis hijos.
Deje la escuela no sabiendo si iba a poder volver a trabajar con niños y niñas. Esto supuso un duelo y necesité varios meses para resituarme. Me centré en mi rehabilitación física y en mi equilibrio mental.
Comenzó mi búsqueda hacia un nuevo camino. Trabajé para emprender e iniciar mi propio proyecto -alineado con mis principios y valores- pero, a pesar de los avances logrados, no me sentí capaz.
Ante la incertidumbre me puse a preparar oposiciones, pero el proceso estaba minando mi moral… no supe llevarlo y abandoné.
Dije un no para decirme un sí a mi misma.
Cuando decidí parar, escucharme y dejar de ponérmelo difícil (sin saberlo) empezaron a surgir oportunidades laborales maravillosas. No me lo podía creer….
Así llegué a mi equilibrio actual. Recuperada, de vuelta a la etapa 0-3 (que me apasiona y en la que continúo creciendo y aprendiendo) y compaginando mi trabajo en escuela con la docencia en FP a distancia.
Me hace muy feliz acercar una mirada respetuosa hacia la infancia a las futuras educadoras y educadores infantiles.
Más allá de los aprendizajes curriculares, deseo transmitir mi pasión por la Educación Infantil, nuevos enfoques metodológicos y herramientas que ayudan tanto al bienestar de las profesionales como de los niños y niñas, y mis ganas de no dejar nunca de aprender y formarme.
Tras hacer un repaso por mi historia, solo puedo decirte que:
Todo lo acontecido en tu vida te hace estar donde estás ahora y
ser quien eres.
Con este aprendizaje he interiorizado que debo agradecer tanto a los momentos brillantes como a los oscuros, porque todos ellos me van construyendo y me hacen ser cada día más fuerte. Me convierten en una persona más sabia.
Confía, “simplemente” confía.
Y tú ¿te atreves a soñar?
Un abrazo,
Sandra @meceycrece 🌾
